velero en temporalLa crisis de las hipotecas y las recientes sacudidas que han sufrido las Bolsas mundiales hacen que, en víspera de las elecciones generales,  la marcha de la economía sea una de las primeras preocupaciones de los españoles.

La cercanía de los comicios de marzo provoca que no haya una mirada serena  de la situación real de nuestra economía. Además parece haberse instalado en la mente de los ciudadanos un pesimismo y temor  sobre el devenir económico general y en particular sobre su bienestar y el de sus bolsillos, lo cual no hace más que acrecentar los riesgos que se ciernen sobre nuestra economía, ya que en buena medida, es bien conocido que la percepción de los agentes económicos configura y anticipa la realidad venidera.

Si en los parques mundiales estamos viviendo fuertes turbulencias, o como prefieren llaman los más entendidos, momentos de alta volatilidad propicios para la especulación y el rápido cambio de manos  del papel,  las perspectivas  económicas mundiales muestran  un horizonte de meteorología variable en el que se alternan los claros con grandes nubarrones  dejando lluvias y  fuertes vientos a su paso.

Por empezar a describir cuales son los  que afectan a España, por aquello de que detrás de una nube luce el sol o después de la tempestad viene la calma, debemos decir en primer lugar que  el rumbo y singladura de nuestra económica transcurre por un  océano  global, cuyo estado de la mar depende de la economía mundial, cosa distinta es el que estemos mejor ó preparados para navegar, a son de mar, por aguas mas o menos peligrosas.

Podemos decir que ha pasado el momento de vientos bonancibles ó moderados y empiezan a arreciar  vientos fuertes con algunas rachas atemporaladas. La crisis de liquidez que viven los mercados, motivada por el desplome bursátil, la demanda ingente de capitales de las economías asiáticas, con  India y China a la cabeza y la crisis financiera, cuyo calado y   consecuencias están aún por ver, configuran un escenario macroeconómico cuando menos incierto.

La economía mundial debe hacer frente retos tan importantes como superar los serios  problemas de crecimiento de las economías occidentales, competir con  elevados precios del petróleo y productos agrícolas y materias primas, acostumbrase a una creciente inestabilidad geopolítica  y  luchar contra las consecuencias del cambio climático.

 
Poniendo el foco en nuestro país, debido a que nuestro modelo de crecimiento ha estado basado en el fuerte endeudamiento de las familias y el sector de la construcción, la crisis de confianza, el encarecimiento de los tipos de interés y el frenazo a la construcción, originarán un descenso del consumo interno, la inversión y un peligroso repunte del paro. Ello también originará presiones sobre  el mercado financiero y las instituciones bancarias que verán como se dispara la morosidad y disminuye la demanda del crédito al tiempo que estrecharan sus criterios de admisión.

Es cierto que nuestro país ha crecido por largo tiempo por encima de nuestros socios europeos, lo que nos ha acercado a una convergencia real con las mejores economías del planeta. Hoy día ya somos la octava potencia económica del mundo en términos de PIB, pero no es menos cierto que es crecimiento ha estado ligado a los fondos europeos recibidos, que han supuesto e torno al  1% del crecimiento del PIB,  y a la llegada exponencial de inmigrantes a nuestro país ( 10% de la población) y cuyo impacto se evalúa en otro 1%. del PIB.

Si a estos dos fenómenos, que no van a poder repetirse al menos en sus cifras anteriores, unimos el costo de la factura de Kioto, estimado en otro 1% del crecimiento del PIB, podemos concluir, "ceteris paribus", que España puede entrar en una etapa de recesión en términos reales en los próximos 2 ó 3 años.

Debemos hacer ingentes esfuerzos para mejorar nuestra competividad, que a pesar de sustentarse todavía en unos niveles de salarios más bajos que el resto de los países de la Unión, dicha ventaja se verá pronto esfumada tanto por la convergencia de nuestra economía como por el secular diferencial de inflación.

 
Si no somos capaces de competir, se agravará el panorama de nuestra economía y el modelo de bienestar se pondrá en riesgo. Nuestras exportaciones disminuirán, agravando el déficit, alarmante ya de por si, de la balanza por cuenta corriente, la producción y crecimiento interno se reducirán, originando mas paro y menor poder adquisitivo. A su vez se traducirá en una  bajada de la demanda interna, una menor inversión, con lo que ello supone de falta de renovación de los bienes de equipo  y vuelta otra  vez a empezar.

Pero no todo son amenazas, en este tormentoso horizonte. Si somos capaces de maniobrar y gobernar  nuestra economía, con la pericia de un buen capitán, que conoce las aguas por la que navega, las fortalezas y debilidades de su buque y el rumbo al cual debe gobernar, se  presentan en la lontananza grandes claros que nos auguran arribar a puerto seguro.

Nuestra economía ha hecho gala de una enorme pujanza. España, con reformas económicas y legislativas, el trabajo de españoles e inmigrantes, con "hambre" de mejorar, tiene potencial para convertirse en una de las economías más dinámicas y alcanzar los más altos estándares de vida de la Europa próspera. Debemos continuar renovando nuestro equipamiento productivo para seguir mejorándo nuestro nivel de competividad. Apostar más decididamente por la innovación y la creatividad, tan consustancial con nuestro carácter latino, nos pondrá proa al viento. El triangulo virtuoso del I+D+I debe ser apoyado por los poderes públicos , vertebrándose con otro triangulo,E+U+E, formado por escuela, universidad y empresa.

Por otro lado, tenemos una moneda fuerte, gozamos de una buena salud presupuestaria de las finanzas públicas, que nos dará, de no malgastarse el superavit y utilizarse ineficazmente, cierto margen de maniobra para capear el temporal y ajustar nuestra economía.

Frente a las alertas mencionadas anteriormente, se abren entre los nubarrones  nuevos nichos productivos o ventanas de crecimiento.  La tercera edad y la ley de la dependencia, las energías renovables y la lucha contra el cambio climático, el crecimiento de las economías emergentes Asia y Latinoamérica,  la liberalizaciones pendientes de nuestra economía,  la descentralización administrativa el denostado estado autonómico, son fuerzas que a buen seguro van a henchir  las velas de una nave, ahora con riesgo de entrar en una alarmante clama chicha precursora de una fuerte tempestad.

En todo caso no debemos perder de vista, cual debe ser el papel a jugar por España en los próximos años. Lo más seguro es que nunca podamos competir industrialmente en un modelo de desarrollo basado en la fabricación  de coste bajos, pero en cambio si tenemos un horizonte despejado  en los sectores del Ocio y los Servicios. Debemos potenciar nuestra imagen de marca (España está de moda) y encaminar nuestros esfuerzos a continuar siendo ser una referencia mundial en el turismo (11% del PIB y 12% del empleo), corrigiendo paulatinamente, los defectos estructurales y de masificación de dicho sector, diversificando la oferta (hay que poner en valor nuestro extraordinario patrimonio histórico artístico y los espacios naturales) y mejorando la calidad de nuestros servicios e instalaciones.

 
El sector servicios, constituye otro pilar fuerte de nuestra economía. La Banca, las Utilities, las empresas de software, las Ingenierias constituyen ejemplos de éxitos empresariales españoles capaces de competir con garantías en todo el mundo.

Por último España, por su posición geográfica y cultural en el mundo, debe de aprovechar su condición de encrucijada de caminos, puente entre tres continentes (Europa, África y América) y a caballo de dos mares: Mediterráneo y el Océano Atlántico, para tejer lazos económicos y culturales entre las diferentes Civilizaciones.

En fin por desgracia, dispongámonos ahora, a oír todo tipo de reclamos y cantos de sirena, por parte de unos políticos, que ávidos de captar votos, en la próximas elecciones generales, están dispuestos como si de Cónsules de la  Antigua Roma,  a dilapidar  y malgastar el erario común, con todo tipo de ofertas que por engordar el oído, no llegan a la panza.  

 
Por una vez en lugar del Panem e Circenses, debemos reclamar como ciudadanos nuestro imperio, es decir más pan y menos circo, no vaya a ser que como vulgarmente se suele decir nos crezcan los enanos.

A veces, despues de escucharlos, uno piensa, que es mejor que sigan dedicados a sus refriegas internas y cruzarse insultos con sus adversarios, en lugar hacer de la economía un terreno de lances y dispustas, que con las cosa de comer no se juega.

De todas formas, votemos en positivo que hay motivos para creer , en un  futuro en confianza y bienestar.